PARÁFRASIS

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DECALOGO PERSONAL

Escrito por allanvillaparafrasis 01-09-2009 en General. Comentarios (1)

DECALOGO PERSONAL

 

Amar a Dios sobre todas las cosasRespetar a mis padres

Cumplir con mis obligaciones

Realizar mis tareas diarias

Ayudar a mi familia

Comer todos los días

Hacer deporte

No tener vicios

Tener presente y aplicar mis valores

 

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PRESENTACIÓN ETICA A NICÓMACO

Escrito por allanvillaparafrasis 01-09-2009 en General. Comentarios (3)

PRESENTACIÓN ETICA A NICOMACO

 

 

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ANÁLISIS ÉTICA ANICÓMACO 10 LIBROS

Escrito por allanvillaparafrasis 01-09-2009 en General. Comentarios (0)

ANÁLIS DE LOS LIBROS DE ÉTICA

ANICOMÁCO

 

PRIMER LIBRO

En el primer libro inquiere Aristóteles cuál es el fin de las humanas acciones, porque entendido el fin, fácil cosa es buscar los medios para lo alcanzar; y el mayor peligro que hay en las deliberaciones y consultas, es el errar el fin, pues, errado éste, no pueden ir los medios acertados. Prueba el fin de las humanas acciones ser la felicidad, y que la verdadera felicidad consiste en hacer las cosas conforme a recta razón, en que consiste la virtud. De donde toma ocasión para tratar de las virtudes.

En el primer capítulo propone la difinición del bien, y muestra cómo todas las humanas acciones y elecciones van dirigidas al bien, ora que en realidad de verdad lo sea, ora que sea tenido por tal. Pone asimismo dos diferencias de fines: unos, que son acciones, como es el fin del que aprende a tañer o cantar, y otros, que son obras fuera de las acciones, como es el fin del que aprende a curar o edificar. Demuestra asimismo cómo unas cosas se apetecen y desean por sí mismas, como la salud, y otras por causa de otras, como la nave por la navegación, la navegación por las riquezas, las riquezas por la felicidad que se cree o espera hallar en las riquezas.

 

 

SEGUNDO LIBRO

 

En el libro primero ha mostrado Aristóteles ser el último fin de los hechos la felicidad, y consistir la verdadera felicidad en el vivir conforme a buen uso de razón, que es conforme a virtud perfecta, aunque para mejor ponerla en uso se requiere tener favor de las cosas de fortuna; y que toca a la disciplina de la república tratar de las virtudes, como de aquellas que son medio para alcanzar la felicidad, y que, pues son dos las partes del alma, una racional y otra apetitiva, que hay dos maneras de virtudes de que se ha de tratar, unas tocantes al entendimiento, y otras a los afectos y costumbres. En el segundo disputa y considera otras cosas tocantes en común a todas las virtudes, como es de dónde proceden las virtudes, qué es lo que las estraga y destruye, en qué materia consisten, cómo se alcanzan, y otras cosas como éstas.

En el primer capítulo demuestra cómo las virtudes del entendimiento se alcanzan con doctrina, tiempo y ejercicio, y las morales con ejercicios de actos virtuosos.

 

 

TERCER LIBRO

 

Por cuanto en el precedente libro se ha probado ser la virtud acto voluntario y consistir en la elección y aceptación de nuestra voluntad, para que mejor se entienda esto, trata en el tercero de los actos de nuestra voluntad cuáles se hayan de decir libres y cuáles forzados, y si lo que se hace por temor es voluntario, o no, y en qué consiste la potestad del libre albedrío. Tras desto comienza de tratar, en particular, de cada género de virtud, y echa mano primero de las más estimadas, que es de la fortaleza o valerosidad; y tras della trata de la templanza, con las cosas que a ambas virtudes son anexas. En el primer capítulo propone la utilidad desta disputa. Después divide los actos forzosos en dos especies: unos que se hacen por violencia y otros por ignorancia; y propone sus diferencias. Disputa asimismo si las cosas que por temor de algunos males se hacen son voluntarias o forzosas, y prueba la acción dellas ser voluntaria, pues el principio dellas es la aceptación de nuestra voluntad; aunque si libre estuviese no las escogería, y por esto concluye ser acciones mezcladas de elección y violencia, y no ser del todo violentas. Porque si lo fuesen, no ternían alabanza ni reprehensión.

 

CUARTO LIBRO

 

Ya que en el tercer libro ha tratado de dos géneros de virtudes principales, de la fortaleza y de la templanza, en el cuarto libro pretende tratar del tercer género principal de virtud, que es la liberalidad, la cual consiste en el dar y recebir de los proprios intereses, y juntamente de los hierros que en ella acaecen por exceso y por defecto. Trata asimismo de la magnificencia y de otros inferiores géneros de virtudes que propuso en el segundo libro.

 

 

QUINTO LIBRO

 

En el tercero y cuarto libro ha tratado Aristóteles de las tres virtudes que consisten en la voluntad, que son fortaleza, templanza, liberalidad y otras a ellas anexas, como son la magnificencia y magnanimidad. En el quinto trata de la virtud más necesaria de todas para la conservación del mundo, que es la virtud de la justicia, sin la cual ni las cosas de la guerra, ni los grandes tesoros adquiridos, ni el vivir con mucha guarda, ni el hacer largas mercedes, bastan a conservar salva la república. Lo cual podemos fácilmente entender por las historias, que son la fuente de toda erudición. Pues hallaremos haber comenzado a caer el imperio Romano, que fue la mayor monarquía que el mundo ha visto, dende que esta virtud entre ellos comenzó a escurecerse, y los unos comenzaron a desear las cosas de los otros, hasta tanto que vino a dar tan grande caída que pereció del todo. También veremos las gentes bárbaras septentrionales, que lo arruinaron, tantas y tan varias aunque valerosas en las armas, haberse conservado poco por no saber poner asiento con esta virtud en las cosas tocantes al gobierno. Porque como se verá en los libros de República, no hay cosa que tantas mudanzas cause en la república como la falta desta justicia, y el procurar los unos, so color de esto, enseñorearse de las cosas de los otros. Como cosa, pues, tan necesaria para el bien y paz de los hombres y sosiego de la vida, trátala muy largamente, porque tiene muchos senos esta virtud y muchas diferentes materias que tratar, como se verá por sus capítulos.

 

 

 

SEXTO LIBRO

 

 

Aristóteles, en el primer libro, anduvo inquiriendo en qué consistía la felicidad humana, y halló que en el vivir conforme a recta razón. Y porque el vivir conforme a recta razón requiere el vivir conforme a virtud, en el segundo anduvo inquiriendo qué cosa era virtud. Después hizo dos maneras de virtudes: unas morales, de las cuales ha tratado en el tercero, cuarto y quinto libro, y otras del entendimiento, de las cuales propone tratar en el presente. Pero por cuanto hasta aquí se ha hecho mucha mención de la recta razón, y hasta agora no se ha declarado qué cosa es, trata primero qué cosa es la recta razón y en que consiste; después trata de las partes del alma, para declarar cada virtud a qué parte del alma corresponde; tras desto trata de los hábitos del entendimiento, sciencia, arte, prudencia, entendimiento, sabiduría; de las partes de la prudencia, del buen consejo, del buen juicio, del buen parecer, de la utilidad de la sabiduría y prudencia: de la hermandad grande que entre sí tienen todas las virtudes.

 

 

SEPTIMO LIBRO

 

En los libros precedentes ha tratado Aristóteles de las virtudes y los vicios que común y ordinariamente se hallan en los hombres. Pero porque acaece, aunque raramente, hallarse hombres extremadamente buenos y también extrañamente malos, trata desta bondad y malicia en este libro séptimo Aristóteles, y a la extremada virtud llámala virtud heroica y divina: divina porque en alguna manera parece que se allega más a la bondad de Dios (aunque cualquiera bondad de la criatura dista infinitamente de la de Dios, así como también la naturaleza), y heroica porque en aquellos antigos príncipes que después el simple pueblo honraba como a dioses, se creía haber habido aquella bondad tan perfecta y tan cendrada, y a aquéllos llamábanlos héroes los poetas, de donde vino que decimos que uno hizo un hecho heroico. A la extremada malicia llámala brutalidad, y con mucha razón, porque vienen algunos a depravarse tanto en sus maldades, que no les queda otro rastro de ser hombres sino la figura exterior, pero en lo interior y en los afectos se tornan bestias, y se hacen o leones en la crueldad, o si más queremos ponderarlo tigres, y en la incontinencia puercos, y en la hambre de chuparse hacienda ajena, lobos. Y esto es lo que quiso dar a entender Homero en la fábula que en su Odisea cuenta de la maga Circe, que con ciertas bebidas que les daba tornaba a los hombres en fieras, a unos en puercos, a otros en lobos, según el vicio en que pecaba cada uno. Trata asimismo de la virtud de la continencia y del vicio que le es contrario, y en qué difiere de la templanza, y después del regalo o pasatiempo y de las diversidades dél, como pasando adelante lo veremos.

 

 

OCTAVO LIBRO

 

Declarada ya en los libros pasados toda la materia de virtudes y de vicios, la cual para el fin humano, que es la verdadera felicidad (como está mostrado), importa el todo, réstale al filósofo tratar de la amistad, como de cosa muy trillada entre los hombres, y muy necesaria para cualquier género de estado. Que parece haber sido ésta divina providencia para que nos amásemos los unos a los otros, que esta es la voluntad de nuestro Dios, y para que ninguno se ensoberbeciese, que todos los hombres tuviésemos necesidad los unos de los otros, y no hobiese estado de hombres que a otros no hobiese menester. Porque el rey tiene necesidad de sus súbditos para conservar su reino, y los súbditos tienen necesidad de la prudencia del rey para vivir en paz y quietud. Y el rico tiene necesidad del pobre para que le haga sus haciendas, y el pobre del rico para que le mantenga y le dé en qué ganar la vida. De manera que esta nuestra vida es una manera de feria en que, dando y recibiendo, se conserva la humana compañía. Trata, pues, de la amistad varias cosas, como largamente lo veremos, y declara cuán diversas maneras hay de amistad, y qué partes ha de haber en los amigos, y cuál es la perfeta amistad y cuál la lisonjería, y otras muchas cosas dignas de saber.

 

NOVENO LIBRO

 

No es menos, dicen vulgarmente, el saber conservar lo ganado, que el ganarlo. Por esto Aristóteles, después de haber tratado en el libro pasado de cómo y con quién se ha de tomar amistad, y de las diferencias de amistades, en el presente libro trata de las cosas que se requieren para la conservación de la amistad, y de lo que está obligado a hacer un amigo por otro, del amor proprio, que es la principal causa de los agravios y males, del número de los amigos que tan grande ha de ser, cuál tiempo es más acomodado para los amigos, el de la próspera fortuna o el de la adversidad, y otras cosas muchas como estas, muy provechosas y aplacibles.

 

 

DECIMO LIBRO

 

Ya que ha concluido en los dos libros pasados la disputa y materia de amistad, da fin en el presente libro a sus Morales y trata del deleite largamente y de propósito, porque lo que trató en el séptimo fue de paso y no de su intento principal. Trata, pues, en los cinco capítulos primeros del deleite, qué cosa es y cuántas especies tiene. Después trata de la felicidad, que es lo que puso por último fin de nuestra vida humana, y hace dos partes della: una, activa y otra contemplativa, y al fin, haciendo un largo epílogo de todo lo tratado, concluye con su obra.

 

 

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PARÁFRASIS ÉTICA A NICOMÁCO LIBRO VI

Escrito por allanvillaparafrasis 01-09-2009 en General. Comentarios (0)

PARÁFRASIS ÉTICA A NICOMÁCO LIBRO VI

 

 

[Análisis de las virtudes intelectuales.]

Al analizar las virtudes del alma dijimos que unas eran propias del carácter y otras del intelecto.

Las morales, las hemos estudiado; de las demás vamos a tratar ahora, después de hablar del alma.

Dijimos antes que el alma tiene dos partes: la racional y la irracional; ahora hemos de dividir de la

misma manera la racional. Demos por sentado que son dos las partes racionales: una, aquella con la

cual contemplamos aquella clase de entes cuyos principios no pueden ser de otra manera, y otra con

que contemplamos los que tienen esa posibilidad; porque correspondiéndose con objetos de distinto

género, las partes del alma que naturalmente se corresponden con cada uno son también de distinto

género, ya que es por cierta semejanza y parentesco con ellos por lo que los pueden conocer. Llamemos

a la primera, la científica y a la segunda, la calculativa, ya que deliberar y calcular son lo mismo, y nadie

delibera sobre lo que no puede ser de otra manera. De suerte que la calculativa es una parte de la

racional. Hemos de averiguar, por tanto, cuál es la mejor disposición de cada una de esas partes, pues

esa será la virtud de cada una, y la virtud será relativa a la obra propia de cada una.

II.- [La elección: razonamiento verdadero y deseo recto.]

2. Tres cosas son en el alma las que rigen la acción y la verdad: la sensación, el entendimiento y

el deseo. De ellas la sensación no es principio de acción alguna, y esto resulta claro por el hecho de que

los animales tienen sensación pero no participan de acción. Lo que en el pensamiento son la afirmación

y la negación, son en el deseo la persecución y la huida; de modo que, puesto que la virtud moral es

una disposición relativa a la elección y la elección es un deseo deliberado, el razonamiento tiene que ser

verdadero y el deseo recto para que la elección del alma sea buena, y tiene que ser lo mismo lo que la

razón diga y lo que el deseo persiga. Esta clase de entendimiento y de verdad es práctica. Del

entendimiento teorético y no práctico ni creador el bien y el mal son, respectivamente, la verdad y la

falsedad (pues en esto consiste la operación de todo lo intelectual), mientras que el bien de la parte

intelectual pero práctica es la verdad que está de acuerdo con el deseo recto.

El principio de la acción –aquello de donde parte el movimiento, no el fin que persigue- es la

elección, y el de la elección el deseo y la elección orientada a un fin. Por eso ni sin entendimiento y

reflexión, ni sin la disposición moral hay elección. La reflexión de por sí no pone nada en movimiento,

sino la reflexión orientada a un fin y práctica; ésta, en efecto, gobierna incluso al entendimiento creador,

porque todo el que hace una cosa, la hace con vistas a algo, y la cosa hecha no es fin absolutamente

hablando (si bien es un fin relativo y de algo), sino la acción misma, porque es el hacer bien las cosas lo

que es fin, y eso es el objeto del deseo. Por eso la elección es o inteligencia deseosa o deseo inteligente,

y esta clase de principio es el hombre. Nada que haya ocurrido ya es objeto de elección, por ejemplo,

nadie elige que Troya haya sido saqueada; porque tampoco se delibera sobre lo pasada, sino sobre lo

futuro y posible, y lo pasado no puede no haber ocurrido; por eso dice Agatón:

“De esto sólo se ve privado hasta Dios: de poder hacer que no se haya producido lo que ya está

hecho”.

La operación de las dos partes intelectivas es, por consiguiente, la verdad; Por tanto las

disposiciones que más favorezcan en una y en otra la realización de la verdad, ésas serán las virtudes de

ambas.

VIRTUDES CARDINALES

Escrito por allanvillaparafrasis 01-09-2009 en General. Comentarios (0)

VIRTUDES CARDINALES

 

 

Las virtudes cardinales son:
  • La Prudencia
  • La Justicia
  • La Templanza
  • La Fortaleza

Las virtudes cardinales en la antigüedad

 

En La República, Platón describe las cuatro virtudes cardinales como:

  • Prudencia (calculativo) - véase el todo
  • Fortaleza (enérgico) - presérvase el todo
  • Templanza (apetitivo) - sirvése el todo
  • Justicia (virtud fundante/preservante) - conócese a sí mismo

Platón define cómo un individuo a quién puede lograr estas virtudes: la prudencia viene del ejercicio de razón, la fortaleza de ejercer las emociones o el espíritu, la templanza de dejar que la razón anule los deseos, y desde estas la justicia viene, un estado en que cada elemento de la mente está de acuerdo con los otros.[2]

Platón describe la justicia como la virtud fundante y preservante porque sólo cuando alguien comprenda la justicia puede conseguir las otras tres virtudes, y cuando alguien posee todas las cuatro virtudes es la justicia que mantiene todos juntos.

También se encuentran formuladas en Cicerón, en su tratado De officiis (es decir, "Sobre las obligaciones") y por el emperador filósofo Marco Aurelio en sus Meditaciones. El Cristianismo añadió a estas virtudes las llamadas Virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad.

Virtudes cardinales infusas

En teología católica las virtudes cardinales infusas son hábitos que disponen al entendimiento y a la voluntad para obrar según el juicio de la razón iluminada por la fe para que ésta escoja los medios más adecuados al fin sobrenatural del hombre.

Se diferencian de las virtudes teologales en que no tienen por objeto a Dios mismo sino el bien honesto. Dado que ordenan los actos en orden al fin sobrenatural, se distinguen también de sus correspondientes virtudes adquiridas.

Naturaleza

Royo Marín siguiendo a Tomás de Aquino hace una analogía que permite aclarar mejor su función:

La relación que dicen las virtudes morales a las teologales es, en el orden de la gracia, la misma que dicen, en el de la naturaleza, las virtudes adquiridas a los actos de la sindéresis y rectitud de la voluntad.[4]
Royo Marín, op. cit. pág. 135.

Para determinar su número, los teólogos moralistas suelen considerar los objetos honestos de la voluntad y luego agruparlas en cuatro principales: prudencia, fortaleza, justicia y templanza. Son llamadas también virtudes morales.

No son una especie de géneros de otras virtudes que serían sus «especies». Tienen sus objetos propios pero al mismo tiempo engloban a otras virtudes. Las demás virtudes se agrupan alrededor de las cardinales pero no son especies de ellas sino que al decir cardinales se subraya solo la influencia de unas en otras.

Su existencia fue negada por algunos famosos teólogos como Duns Scoto, Guillermo Durando y Gabriel Biel aunque otros de la categoría de Tomás de Aquino, Agustín de Hipona y Gregorio Magno admitían su existencia partiendo de algunos textos de la Sagrada Escritura.

Si amas la justicia, los frutos de la sabiduría son las virtudes, porque ella enseña la templanza y la prudencia, la justicia y la fortaleza, las virtudes más provechosas para los hombres en la vida.
Sb 8, 7
Mostrar en nuestra fe virtud, en la virtud ciencia, en la ciencia templanza, en la templanza paciencia, en la paciencia piedad, en la piedad fraternidad y en la fraternidad caridad